Perros contra ratas, diversión en la Inglaterra Victoriana

pozo de ratas

Todas las épocas de la historia contaban con juegos de entretenimiento, algunos más crueles que otros. En la Inglaterra Victoriana hicieron verdadero furor los Pozos de ratas, Rat-Baiting o Rat-Pits. El enfrentamiento que entretenía a la sociedad inglesa de ese momento, consistía en introducir un perro en una fosa repleta de ratas. El único final era que el can aniquilara al mayor número de ratas posibles.

No era esta batalla la única que divertía a los ingleses, pues lo cierto es que las peleas de animales en general eran bastante comunes. Aun así, esta fue una de las pocas que sobrevivieron tras el acta contra la crueldad animal, decretada en 1835. El motivo era que las Rat-Baiting, eran consideradas juegos de apuestas.

El Reino Unido contaba con un gran número de estos pozos, aunque si había una ciudad asidua a estos enfrentamientos, esa era Londres.

Las normas no guardaban ningún secreto. Simplemente ganaba el perro que consiguiera acabar con más ratas en el menor tiempo posible. Así, se establecían tiempos y records, en los que cinco segundos por rata era una media bastante buena.

En estas competiciones se incluyeron también personajes como el árbitro, que se encargaba de vigilar que todos los participantes se ciñeran a la normativa del encuentro. Los pozos, a su vez, eran en ocasiones cubiertos por alambres u otros dispositivos de seguridad, con el fin de que ninguna rata lograra escapar.

Los perros eran entrenados a conciencia. La misión de los entrenadores era hacer su mordida completamente letal, pues una rata herida no contaba.

Como es de esperar, estos pobres animales también sufrían daños. Hay que recordar que las ratas son una fuente inagotable de enfermedades, por este motivo, y ante la falta de roedores para crear estos eventos, se creó la figura de los Rat-Catcher, cazadores de ratas.

Estos hombres eran los encargados de suministrar roedores para los encuentros. El más famoso de ellos fue Jack Black, que presumía de contar con las ratas más limpias de campo. Estaba tan seguro de que sus animales no transmitían ninguna enfermedad, que no tenía problema alguno en meter la mano en una jaula llena para demostrarlo. Evidentemente no todos los comerciantes de roedores se atrevían a hacer esto, así pues, no es de extrañar que la fama de este hombre creciera considerablemente, llegando incluso a suministrar roedores a la reina Victoria, a la cual le gustaban como mascotas.

La última batalla se libraría en Leicester, en el año 1912. El propietario del pozo de ratas fue multado y se vio en la obligación de prometer en la corte que no volvería a organizar ningún encuentro similar. Todo ello vino dado a que la propia reina Victoria, comenzó a mostrar una actitud bastante humana con los perros. Así, este tipo de combates disminuyeron considerablemente.

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Publicado en: Curiosidades de la Historia

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