El cruel y despiadado Calígula

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Calígula fue, sin lugar a dudas, uno de los mandatarios más atroces y despiadados de Roma. Hijo de Germánico, quien a su vez era el hijo adoptivo del emperador Tiberio, y Agripina, disfrutó desde su juventud de una vida llena de vicios. Además, hay que destacar que desde pequeño fue un niño muy querido y mimado al que nada, absolutamente nada, se podía negar.

A la muerte de Tiberio, en el año 37 d.C., el mismo ordenó que el Imperio debía ser gobernado por Calígula y Tiberio Gemelo. Esto no supuso problema alguno para Calígula, pues quitarse de en medio a Gemelo fue relativamente fácil. Así, tomaría las riendas del Imperio él solo.

Durante los primeros años, la gente estaba contenta con él. Calígula aseguraba detestar a los ricos y sentirse muy comprometido con las personas desfavorecidas. Lo cierto es que esto duró muy poco, pues tras unos cuantos años dilapidando la fortuna que Tiberio había dejado en herencia, puso en marcha unas medidas bastante desesperadas para poder restablecer la economía, algo que se traducía en impuestos abusivos y muy elevados para todos. Otros aseguran que el cambio de su actitud fue debido a una enfermedad que terminó por desequilibrarlo.

Aunque sus derroches económicos eran un gran problema, quizá lo era más su personalidad, realmente cruel. Existen pocas fuentes supervivientes de su mandato, pues él mismo intentó destruir muchas de ellas. Aun así, todas las que sobrevivieron aseguraron que era un ser déspota y sin corazón, con un clarísimo desequilibrio.

Algunos de los episodios narrados pasaban por una serie de escándalos en los que mantenía relaciones sexuales con sus propias hermanas, incluso las obligaba a prostituirse. Además, parece ser que sentía un amor profundo por su hermana Julia Drusila, con la cual terminó desposándose. Calígula justificaba este matrimonio en las tradiciones egipcias donde el matrimonio entre hermanos era sagrado.

Se convirtió en el primer emperador romano en presentarse a su pueblo como un auténtico dios. Desarrolló unas cuantas políticas controvertidas en el área de la religión. Así, aparecía en los actos públicos vestido como un dios o un semidiós, refiriéndose a sí mismo como un ser celestial cuando comparecía frente al senado. Además, gastó fortunas en construir templos dedicados a sí mismo, dos en Roma y uno en Mileto.

Le gustaba aterrorizar a las mujeres. En los banquetes oficiales examinaba a las damas por debajo de los vestidos, escogía así alguna y abusaba de ella sexualmente. Luego volvía a la sala regodeándose de su proeza. En esas mismas fiestas, entre plato y plato, para pasar el tiempo, hacía decapitar frente a sus invitados a aquellas personas que eran consideradas como ladrones y maleantes.

Su desequilibrio era tan evidente que no tenía respeto alguno por la vida, ni la de sus hombres. En una ocasión, cuentan como en una incursión a Germania, hizo que una parte de su ejército cruzara el Rhin. Una vez el ejercito quedó dividido, se lanzó sobre el que había cruzado arrasándolo sin ningún tipo de piedad.

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Foto vía:  destylou-historia

Publicado en: Historia de Roma, Personajes históricos

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1 comentario

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  1. Romúlo dice:

    mi comentario es ala biografia de el emperador neron que barbaro que espastosa vida de este emperador romano de todos los que tuvo roma este fue el mas brutal sanguinario y diabolico

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