El Día del Águila, la Batalla de Inglaterra

Día del Aguila

La Batalla de Inglaterra fue en realidad un compendio de operaciones militares libradas sobre el cielo británico. Unas ofensivas que duraron cuatro meses durante la Segunda Guerra Mundial (de julio a octubre de 1940) y en las que Alemania tenía un único objetivo, destruir la Royal Air Force para poder obtener una evidente superioridad aérea e invadir finalmente las islas británicas.

En estos episodios, algunos destacaron por encima de otros. Hoy queremos hablar de una ofensiva en concreto. La ofensiva que lanzaría la Luftwaffe contra Gran Bretaña el 15 de agosto de 1940, conocida como “Día del Águila”.

En este episodio, las fuerzas alemanas se resumían en más de 1.000 bombardeos y unos 700 cazas. A pesar de que tras la primera jornada, los nazis perdieron unos 40 aviones, lo cierto es que la RAF se vio seriamente afectada, pendiendo de un hilo la seguridad nacional y siendo más que probable la invasión alemana.

Al día siguiente, Churchill estaba en una sala de control en la que los británicos marcaban todas las unidades nazis detectadas y los escuadrones de la RAF que salían a su encuentro. Una sala que resumía la batalla y a través de la cual podían ver el desarrollo de la misma.

En dicha sala existía un panel en el que se iban encendiendo lucecitas eléctricas. Cada luz correspondía a un escuadrón británico, así, cuando se encendía, significaba que el escuadrón estaba sobrevolando el cielo y respondiendo directamente a la ofensiva. Esa jornada todas las lamparitas se encendieron, dejando claro que la RAF estaba defendiendo con uñas y dientes su territorio.

Fueron momentos tensos en los que nadie sabía que sucedería. Las respiraciones se contenían congelando casi el paso del tiempo, hasta que finalmente las lamparitas comenzaron a apagarse y se vieron claras señales de que los alemanes retrocedían, en parte por las malas condiciones climáticas.

En ese momento, Churchill se levantó y se metió en su coche junto al general sir Hastings Ismay, que era el entonces secretario del Gabinete de Guerra.

Ante el inicio de la conversación por parte de Ismay, Churchill se apresuró a decir: “No me diga nada. Nunca estuve tan emocionado”. Tras un largo silencio, Churchill volvió a hablar, diciendo así una de sus frases más famosas y que pasó a la historia: “Nunca en el ámbito del conflicto humano tantos debieron tanto a tan pocos”.

Publicado en: Conflictos belicos, Edad Contemporanea

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