Heliogábalo, un emperador conflictivo para el Imperio

las rosas de Heliogábalo

En el año 218, Vario Avito Bassiano, de tan sólo 14 años de edad, llegaría al trono de Roma. Este muchacho pasaría a la historia como Heliogábalo, estableciéndose él mismo como sumo sacerdote del dios sol El-Gabal.

Tras el asesinato del emperador Caracalla, tío del joven, Julia Mesa, su abuela, urdiría un plan para que su nieto pudiera erigirse como el futuro mandatario. El plan funcionó, Heliogábalo arrebató el poder a Macrino y consiguió ser aclamado por el pueblo. No obstante, pasarían pocos años para que ese mismo pueblo, que lo recibía entre vítores, lo desterrara por guardar unas inclinaciones religiosas y sexuales reprobables en la mentalidad clásica.

El primer escándalo vino de la mano de su religión. Desde el reinado de Septimio Severo, el culto al dios solar se había estado extendiendo por todo el imperio. El joven Heliogábalo veía así una gran oportunidad para ensalzar a su dios, El-Gabal, como la principal deidad del panteón romano, incluso por encima de Júpiter.

Se construiría así un templo, el Elagabilum, y forzaría a los senadores a contemplar su danza ante el altar del rebautizado como Deus Sol Invictus.

Mayor escándalo supuso su vida sexual. Casado hasta en 5 ocasiones, cometió ya una imprudencia al desposar a su segunda mujer, la virgen vestal Aquilia Severa. Según Heliogábalo, así podrían fecundar “niños parecidos a los dioses”, pero lo cierto es que este matrimonio quebrantaba una ley básica en la tradición romana, en la que cualquier vestal que mantuviera relaciones sexuales debía ser enterrada viva.

Tras este matrimonio vendrían 3 más, uno de ellos aseguran fue con un hombre; y es que Heliogábalo contaba con una sexualidad un tanto ambigua, teniendo como relación más estable la que mantenía con un hombre llamado Hierocles.

Heliogábalo se maquillaba, se depilaba y se ponía peluca. Muchos aseguran que llegaba incluso a prostituirse en las tabernas y prostíbulos, e incluso en el mismo palacio imperial.

El emperador tenía tan desarrollada su parte femenina, que se dice ofreció una importante suma de dinero a cualquier médico que pudiera dotarle con genitales femeninos. Por este motivo, es conocido como el primer transgénero de la historia.

Finalmente, ante estos comportamientos, la sociedad se le echó encima. No pasarían muchos años hasta que la misma guardia, en una revuelta, le quitara la vida.

Inmediatamente después, comenzaría una campaña propagandística de lo más agresiva en la que la persona de Heliogábalo se presentaba como un ser deplorable, con comportamientos excéntricos hasta el extremo, cruel y derrochador.

Así, circulaban rumores de sus orgias, banquetes en los que torturaba a sus invitados (asfixiándolos incluso con cantidades ingentes de pétalos de rosa o soltando a los leones) o sus caprichos materiales que costaban al imperio una fortuna y que luego no servían para nada.

Lo cierto es que son muchos los historiadores de hoy, que aseguran que los textos que llegan acerca de Heliogábalo son exageraciones que intentan desprestigiar la figura del emperador. Quizá debido a que el pueblo no estaba preparado para ese tipo de libertinaje tan explicito, o quizá por tocar un tema tan importante como la religión en el Imperio.

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Publicado en: Edad Antigua, Historia de Roma

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