Trajano, el emperador hispano

Columna de Trajano

Muerto Augusto, el primer imperator, en el año 14 comenzaba para Roma un turbulento siglo lleno de intrigas, conspiraciones (reales e imaginadas), traiciones, luchas de poder y asesinatos. A pesar de todo, ni mucho menos todos los emperadores de la época fueron unos corruptos, locos o sanguinarios.

También es cierto que a muchos princeps de la época les pasó lo que a Domiciano (81-96): sus reinados empezaban con las mejores intenciones y terminaban en una atmósfera asfixiante de terror en la que todas las atrocidades eran posibles.

Tras la desaparición (entiéndase asesinato) de Diomiciano, el primer emperador no itálico (con la transición de Nerva en medio) iba a traer la estabilidad que tantos romanos deseaban. Trajano, que así se llamaba, fue por eso calificado en vida de optimus princeps, “el mejor de los emperadores”.

En el año 96 una conspiración en la que participaba la propia esposa del emperador, acabó con éste. Su sustituto como máxima autoridad del imperio fue Nerva. Se trataba de una gran victoria para el Senado, que colocaba en el trono a uno de los suyos.

Nerva supo resistir a buena parte del ejército y a los pretorianos, partidarios del emperador recién defenestrado. Lo consiguió. Sin embargo, Nerva era un anciano y, de hecho, la parca se lo llevó de forma natural cuando ni siquiera habían transcurrido dos años.

Pero su muerte no supuso ninguna descomposición de la autoridad. Nerva había nombrado sucesor a un prestigioso general que por entonces era gobernador de Germania: Trajano. La familia de Trajano era originaria de Itálica, urbe de la Bética. Es decir, que las raíces del nuevo emperador estaban en provincias, en concreto en la península ibérica.

Y, en efecto, con Trajano principia una nueva época: ese siglo II que ya Gibbon, en su obra clásica del siglo XVIII, describiría como el período histórico en el que la humanidad disfrutó de mayor bienestar y prosperidad.

Tal vez la característica más destacable del reinado de Trajano ha de buscarse en su condición de victorioso comandante en jefe. En la primera década del siglo hizo dos campañas contra los dacios cuyas consecuencias finales fueron harto beneficiosas para Roma. Derrotado el rey Decébalo, Dacia se convirtió en una nueva provincia y un asombroso tesoro nunca visto de oro y plata fue transferido a Roma.

Fue precisamente ese tesoro el que le permitió a Trajano financiar las grandes obras con las que embelleció y estructuró la capital. Buena parte de los restos imperiales más visibles en la Roma de hoy son de aquella época, empezando por la famosa columna que se alza orgullosa en el monumental foro que lleva su nombre.

Trajano se ganó también el aprecio de los intelectuales, poetas e historiadores, transformados la mayoría en panegiristas, quienes le garantizaron una buena fama para la posteridad.

Finalmente, en el año 113 el emperador empezó otra guerra en Oriente que lo llevó a ocupar Armenia y parte de Mesopotamia. Pero una insurrección judía en toda la región acabó por convertirse en una sublevación general. Trajano, que ya no era un niño (había nacido en el 53 a.C.), falleció enfermo y fatigado en el viaje de vuelta a Roma. Lo sucedió Adriano. 

Foto vía: locuraviajes

Publicado en: Edad Antigua, Historia de Roma

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