El imperialismo romano

Coliseo de Roma

Theodor Mommsen fue uno de los principales historiadores de la Alemania del XIX. Gran defensor del programa de unificación que por entonces el canciller Otto von Bismarck intentaba llevar a cabo, su Historia de Roma marcó un importante hito en el proceso de renovación de los estudios sobre la Antigüedad realizado por la historiografía germana.

Su Historia de Roma está hoy en buena medida desfasada. Sin embargo, una de las tesis de Mommsen ha dado origen con el tiempo a un debate que, por el contrario, sigue vivo: ¿fue el imperialismo romano algo meramente defensivo o, más bien, reflejo de una actitud inherentemente agresiva desde el principio?

La cuestión no carece de interés. Por supuesto, no debemos confundir los términos de imperio e imperialismo. Aunque parezca una contradicción in adjecto hablar de una república imperial, lo cierto es que no lo es. Y pocos historiadores dudan ya que la propia Roma se había convertido en un Imperio mucho antes de que Octavio fuese intitulado Augusto (27a.C).

Los defensores de la tesis del imperialismo defensivo consideran que Roma no hizo más que reaccionar frente a los enemigos que la cercaban , primero, y ayudar a sus aliados, a su vez amenazados por otras potencias, después. Defenderse frente a los enemigos incluiría defender sus fuentes de suministro y las rutas del comercio, fundamentales para su supervivencia.

Así, desde los tiempos en los que Roma no era más que una ciudad entre otras de la fértil región del Lazio, sometida a la poderosa influencia etrusca, Roma no haría sino luchar no movida tanto por sus ambiciones territoriales sino como medida necesaria para no sucumbir en un mundo hostil.

Del otro lado, los defensores del imperialismo agresivo, que se suelen condensar en el nombre del inglés William Harris, nacido en 1938, piensan que Roma, por las razones que fueran, lo tenía claro desde el principio. Y si durante siglos las puertas del templo de Jano estuvieron abiertas (se cerraban en tiempos de paz) fue porque la Urbs quería expandirse y el medio de hacerlo era la guerra.

Lo que parece evidente es que al final de las Guerras Púnicas, a principios del siglo II a.C, Roma comprende cabalmente su condición de primera potencia mundial y, de alguna manera, su condición de imperio. Por las mismas fechas, sin embargo, se presenta ante el mundo griego como su liberador.

En este punto, debemos mencionar el relato narrado por Polibio (por cierto, un griego defensor de Roma) y más tarde por Tito Livio, cuando durante la inauguración de los Juegos Ístmicos, en Corinto, un heraldo romano les anunció a los griegos presentes que, tras haber derrotado a Filipo V de Macedonia, Roma, la potencia vencedora, los declaraba libres.

Habla Polibio del alborozo vivido entonces entre la multitud a causa de la noticia inesperada. Era 196 a.C. Menos de cinco años después, los griegos ya habían experimentado lo que escondía la palabra libertas pronunciada por un romano, y no les quedaría atisbo de duda al contemplar, en el 146 a.C, la completa destrucción de Corinto por querer rebelarse.

Ahí va: mensajeros de una república que en realidad ya es imperio conquistando el mundo (sobre todo el Mediterráneo Oriental, el Oriente Próximo, Asia Occidental…) y proclamando la libertad (o, tant pis, la democracia) de los conquistados, aun cuando nadie se lo haya pedido y a pesar de que para ello tengan que segar tantas vidas…creo que tengo un déjà vu. O algo peor: un dolor de cabeza.

Foto vía: viaggi.virgilio

Publicado en: Edad Antigua, Historia de Roma

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1 comentario

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  1. Javier Luna Victoria dice:

    Es interesante el tema “imperialismo”, justamente hoy en día se debate EUA entre ser “Roma” o “Atenas” del mundo actual. Fue “Roma” un imperialismo agresivo o defensivo?

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