Delenda est Monarchia: el error Berenguer

Ortega y Gasset

Se ha dicho que en la España de los años treinta los liberales que había se contaban con los dedos de una mano. En parte es cierto, pero en parte hemos de ponernos en guardia ante este tipo de afirmaciones. No son asépticas ni neutrales sino que, ay qué cansancio, en el fondo lo que nos están diciendo es que, cuando la sociedad estaba tan enconada, extremada, radicalizada, el golpe del 36 fue una bendición.

Bendición fue, sí, que los curas allí estaban para ayudar en lo que fuese, y si había que salpicar fusiles nacionales con agua bendita se salpicaban y punto. Pero no, no, que no desea este burro seguir dando vueltas al molino de la vergüenza, sino apenas hablar de un artículo periodístico trascendente y lleno de consecuencias de uno de esos contados liberales de la época, influyente intelectual y gran filósofo: Ortega y Gasset.

La palabra liberal es, como diría el bueno de Aristóteles respecto del ser, equívoca. Tiene significados distintos, cambiantes, dependientes de la época y del tiempo, así como del lugar en el que uno se halle. No es lo mismo un liberal clásico que un neoliberal, un liberal yanki que uno europeo, un liberal pensador en el Madrid de 1930 que una liberala gobernanta en el del 2010. Quede anotado.

En todo caso, nosotros solo queríamos recordar el presunto credo ideológico del gran Ortega, y sobre todo diferenciarlo de otras gentes que pudieran reclamar su herencia política de forma insensata. En el fondo, poco nos importa como la posteridad defina a Ortega: todas estas discusiones golfas oscilan entre la condición de bizantinas y las vivencias del asno de Buridán.

Lo que nos importa aquí, a nosotros y a vosotros, divulgadores y lectores de historia, es el artículo publicado por Ortega en El Sol aquel 15 de noviembre de 1930 y que finalizaba con la tremenda frase latina de Delenda est Monarchia.

¡La monarquía debe ser destruida! Madrecita. Un liberal diciendo estas cosas. Un filósofo, personaje al que tantas veces se acusa de vivir en los platónicos mundos y de falta de compromiso. Delenda est Monarchia…evidentemente aquí resuena, y de qué manera, el Delenda est Carthago.

O: ceterum censeo Carthaginem esse delendam. Catón, dicen los más alegres cronistas de Roma, Catón el Viejo, no dejaba de dar la lata con ese latiguillo. Hacía un discurso sobre la necesidad de reformar el alcantarillado y lo remataba, ahí va eso, con un Delenda est Cartago (Carthago).

Volviendo a España, volviendo a Ortega: todo empieza un 13 de septiembre de 1923, cuando un señor llamado Miguel Primo de Rivera se pone a la cabeza de “cuantos amando la Patria no ven para ella otra salvación que libertarla de los profesionales de la política”. Eso dice el tío golpista en el manifiesto que firma en ¡el ABC! el 14 de septiembre (suponemos que más diarios lo publicarían…pero nuestra fuente es el ABC). ¿Y quién nos liberará en este país de una vez para siempre de los profesionales de las armas?

En fin que la dictadura primoriverana (que, por cierto, en ese y en otros manifiestos ulteriores dirá que su origen no se halla sino en el hecho de que la indisoluble unidad de España corre peligro…¿esto nos suena, no?), implícitamente consentida por Alfonso XIII, un gran rey al menos para la industria de la pornografía) acaba por colapsarse un 28 de enero de 1930.

Sin embargo, los regímenes militares continúan en España. Esta vez de la mano del general Dámaso Berenguer en modalidad de Dictablanda. Mal momento para innovar neologismos. Al final cayó Belenguer y cayó el rey y llegó la República. Eso sucedió en 1931. Y unos meses antes, Ortega publicaba este artículo titulado El error Belenguer, que conmocionó a las capas altas de la sociedad.

Porque, me diréis, ¿acaso un artículo puede finiquitar ya no un gobierno, sino nada más y nada menos que toda una forma de estado? Evidentemente no. Pero Ortega puso su granito. Siendo plenamente consciente. Apuntando no al pobre diablo de Berenguer, sino al propio monarca. Sin duda, en 1930, Ortega era un gran republicano.

Foto vía: clubdelecturazamora

Publicado en: Edad Contemporanea, Historia de España

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