El matrimonio entre María Tudor y Felipe II

Maria Tudor

La Inglaterra del XVI presenta unos contornos, tan sustanciados por un esprit d’epoque general como embebidos en su peculiaridad insular o sencillamente “inglesa”, que la hacen muy apetecible no solo de historiar, sino también de novelar, evocar, dramatizar.

Nuestro propio tiempo no ha permanecido impasible. Más allá de que todavía vivamos bajo una égira, por decirlo un poco a la tremenda, de dominación anglosajona, lo cierto es que en los últimos años incluso el cine y la ficción se han mostrado interesados por ese período histórico que a veces se resume en un apellido: los Tudor.

Así, no hace tanto que la historia de Enrique VIII y su relación con las Bolena llegaba a la cartelera; tres cuartos de lo mismo sucedía con la hija de Enrique y Ana, la sagaz Isabel, caracterizada por esa fascinante actriz, perdonen la debilidad, que es Cate Blanchett. Por si no fuera poco, una serie reciente redunda en el tema de los Tudor y ‘su’ Inglaterra.

Ahora bien, entre los reinados de los dos grandes y jugosos (para el historiador morboso) reyes ingleses del XVI, Enrique VIII e Isabel I, hay una fase de interregno, en la que precisamente se sitúa el matrimonio entre María Tudor y Felipe II.

A primera vista parece un enlace un tanto extraño. Recordemos que si bien al comienzo de su reinado las relaciones de Enrique VIII con Carlos V eran buenas, llegando el propio emperador a hospedarse en el castillo Windsor (año 1522) después, cuando el monarca inglés acaba por repudiar a su esposa Catalina (tía de Carlos V) y provoca el cisma con Roma en su deseo de unirse a Ana Bolena, la amistad entre Inglaterra y el Imperio (en el seno del cual se encontraban los reinos de Castilla y Aragón, o sea, nominalmente, España) se resentiría gravemente.

En efecto, de repente Inglaterra tenía una iglesia reformada. En realidad, el cisma inglés obedecía únicamente a las necesidades personales del monarca: Enrique quería casarse con Ana, y Roma no cedía. Pero paradójicamente el rey inglés era, ya no católico sino, en relación con los nuevos credos que se estaban creando (luteranismos, calvinismo, etc.) más papista que el obispo de Roma.

Enrique VIII muere en 1547  dejando tres hijos: un varón (el ansiado varón), fruto del matrimonio con su tercera esposa Juana Seymour, y dos hembras, María (hija de Catalina y nacida en 1516) e Isabel (de Ana Bolena, nacida en 1532). El varón era apenas un niño de 10 años. Tras unos años de regencia fue coronado como Eduardo VI. Pero su reinado fue breve, muriendo en 1553.

Y así fue como el trono pasó a la hija de Enrique y Catalina: María. María era ferviente católica, como su madre. Reinaría Inglaterra (e Irlanda) entre 1553 y 1558. Casi el mismo tiempo que su marido, rey consorte, Felipe II.

Porque a los pocos meses de recibir el trono, María se casó con quien entonces era todavía príncipe heredero de las coronas de Castilla, Aragón, y unas cuantas más, como sabéis. Por lo tanto, en la década de los 50 del XVI, en vísperas de que la rivalidad entre España e Inglaterra devenga histórica (la cuestión religiosa, la Armada invencible, Drake y los ataques a la flota americana…), se produjo la asaz curiosa e interesante situación de que dos monarcas hipercatólicos, español uno y medioespañola la otra, gobernasen la pérfida Albión.

Y de hecho en 1554 el Parlamento inglés aprobaba casi con absoluta unanimidad la Súplica que pedía a los reyes buscasen el perdón del Papa para volver al redil de Roma (!?). Al mismo tiempo, varios centenares de “herejes” fueron quemados durante el reinado de María y Felipe. Pero, en un nuevo quiebro de la historia, María iba a morir en 1558. Isabel se coronó reina y 45 años después Inglaterra era ya una potencia marítima.

Publicado en: Edad Moderna

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2 comentarios

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  1. Rafael Ramírez Campos dice:

    Aún no entiendo el hecho de citar al emperador Carlos como Carlos V. Fue, y así debe quedar para la Historia, Carlos I, y luego… V de Alemania. No hay que olvidar que el Imperio de las “Españas” lo heredó de sus abuelos castellano-aragoneses, Isabel y Fernando, más conocidos como los Reyes Católicos. Me fastidia toda esta retahila de obviedades. Amigo, haber citado al rey Carlos como Primero de la España recién nacida. Los Austrias poco aportaron al Imperio.

  2. Rafael Ramírez Campos dice:

    Todo lo demás está bien. No se ha comentado nada acerca de la declaración como hijas bastardas por parte del Enrique VIII, de María e Isabel Tudor. Tampoco el breve reinado de Lady Jane antes de que la reina María ocupara el trono tras la muerte de su hermano Eduardo. Un pequeño remate para añadir que la dinastía Tudor murió con la sagaz y estéril Isabel, de sobrenombre el eufémico Reina Virgen.

    Comparto su fascinación por la australiana Cate Blanchett.

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