La batalla de Leuctra: antecedentes

Muerte de Epanimondas

Es curioso: la batalla de Leuctra fue una verdadera revolución desde el punto de vista de la táctica militar, además de representar un gran hito por lo que tuvo de simbólico la derrota espartana, pero sus consecuencias políticas fueron insignificantes: la supremacía tebana sobre la Hélade no duró ni siquiera una década.

Siempre que nos asomamos a la Grecia Clásica no podemos evitar cierta emoción teñida de nostalgia. Parece inevitable la simplificación, la idealización. Sabemos bien que los Aquiles, Héctor, Ulises son figuras de la fértil imaginación de los poetas, y que no todos los hombres de la época alcanzaban la talla de un Pericles, de un Fidias, de un Sócrates.

Pero por mucho que nos advirtamos a nosotros mismos acerca de que el hecho entonces “natural” de la esclavitud (por no hablar del paupérrimo rol adscrito a las mujeres) imponía arbitrariamente a un número ingente de personas un papel de meras (y sufridas) comparsas, la tentación de comparar aquellos tiempos, calificándolos de heroicos, son los nuestros, tachándolos de pusilánimes, sigue siendo grande.

Una cosa es segura: los griegos, bendito pueblo, supieron vencer la guerra pero no ganar la paz. Resuelta la amenaza casi sobrenatural que representaban los persas, los helenos se entregan a unas batallas cainitas, a una incesante polémica fraticida que en realidad no siempre estuvo vacía de contenido o fue mezquina.

Pero lo cierto es que a la emergencia de Atenas siguió su caída, y tres cuartos de lo mismo ocurrió con Esparta, aunque su esplendor conoció un lapso de tiempo todavía más reducido. En 404 a.C. salió vencedora de la guerra del Peloponeso (aunque tal contienda estuvo lejos de finalizar con un todo-nada, como por ejemplo sucedió en la segunda Guerra Mundial). Sin embargo, tampoco ella supo o pudo administrar tal renta y en el 371 a.C Epaminondas la ponía en su sitio.

Tebas también se benefició de la derrota ateniense. El caso tebano es a la vez peculiar y característico de cualquier otra polis importante de la época. Durante las guerras Médicas había apoyado a los persas, por lo que apenas nos escandalizamos al saber que durante buena parte del V a. C. “tebano” fuese en Grecia sinónimo de “traidor”.

En todo caso (las alianzas entre las polis de entonces duraban menos que hoy día un programa cultural en prime-time), Tebas se unió a Esparta en la guerra civil de finales de siglo. Y se afianzó como poder regional. De hecho, los espartanos no se quedaron completamente satisfechos ante aquella consecuencia colateral de la guerra.

Desconfiaban de Tebas. Aunque, en los primeros años del siglo IV, las propias vicisitudes internas de la política tebana impidieron su eclosión como potencia hegemónica. Al final, sin embargo, las tiranteces con los lacedemonios llevaron a Esparta a intervenir en el 382. Un ejército espartano, apoyado por el partido oligárquico de la propia Tebas, entró en la ciudad, encarcelando y ejecutando a centenares de miembros del partido democrático.

Pero otros lograron escapar y refugiarse en Atenas, siempre dispuesta a socorrer a la facción democrática de cada ciudad griega, y no digamos si con ello podía socavar la autoridad espartana. Así que tres años después, tebanos exiliados y atenienses atacaron Tebas, expulsando a la guarnición lacedemonia que la controlaba. Corría el año de 379 a.C.

Esa década es la del crecimiento de la ola tebana. Tebas, en efecto, asume el liderazgo de la Liga Beocia. Las tensiones con Esparta aumentan. El conflicto bélico es inminente. Se produce en el 371 a.C, donde emerge la figura fulgurante de un genio militar: Epaminondas. Pero otra vez debéis perdonar a este articulista mal sintetizador, que ya se ha extendido demasido. Enseguida estamos de vuelta.

Foto vía: lib-art

Publicado en: Edad Antigua, Historia de Grecia

Tags: , , ,

Imprimir Imprimir




Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top