El misterioso caso de Rudolf Hess

El tema del nazismo es un filón inagotable visto desde muchas perspectivas: para la historia de la infamia, para la sociología de las masas, para las teorías de liderazgos y carismas, para los compendios de las leyendas urbanas, para la bibliografía del misterio y de los enigmas sin resolver, o simplemente para el anecdotario más extravagante. Por ejemplo, el caso Hess.

¿Conocéis el nombre de Rudolf Hess? Nació en Egipto y su madre era de familia inglesa, pero Rudolf pertenece a los nazis de primera hora, los que no pasan de quince en toda Alemania a principios de los años 20 (pese a ser tan ruidosos y brutales), los que en 1923 dan un golpe de estado, el Putsch de Munich, los que enseguida se encandilan con la retórica de Hitler, lo aúpan a la dirección del partido y lo siguen hasta la consecución de la Cancillería en el 33, en lo que fue un ascenso del nazismo ya imparable.

Hitler tenía plena confianza en Rudolf: veía en él a un fiel lugarteniente. Cuando se produjo el ascenso espectacular del nacionalsocialismo, muchos se subieron al carro ganador. Hitler tenía que estimar a quienes lo acompañaban desde el minuto cero y, en los años treinta, alrededor de la figura todopoderosa del Führer aquella vieja guardia pretoriana (nada homogénea, sin embargo) se repartía influencia y mando: Goebbels, Himmler, Hess…

Pues bien, el 10 de mayo de 1941, momento de mayor poderío para Alemania en el escenario de operaciones europeas e internacionales de la Guerra, Rudolf Hess fue protagonista de un hecho sobre el que todavía se discuten los motivos. Excelente aviador, desde Augsburgo pilotó un avión con el que se plantó en la misma Escocia.

Parece ser que pretendía aterrizar en unos terrenos del Duque de Hamilton. Se dice incluso que la pista de aterrizaje que tenía el duque permaneció iluminada buena parte de la noche, como si esperase la llegada aérea de un invitado. Pero lo único cierto es que cuando Rudolf Hess sobrevoló las fincas del Duque todo estaba apagado y la oscuridad impidió al lugarteniente de Hitler saber exactamente donde se encontraba.

Cuando a Hess se le acabó el combustible se arrojó en paracaídas. Con tal mala suerte que se lesionó un pie. Cayó en la granja de un campesino, que lo auxilió, acompañándolo hasta un puesto militar cercano, donde Hess se presentó, con nombre falso, como emisario y amigo del Duque de Hamilton.

Todo se descubrió al día siguiente, en parte porque el mismo Hess se mostró como Rudolf Hess en presencia del Duque, afirmando que Alemania y Hitler en persona lo habían enviado para proponer un tratado de paz con Inglaterra. Pero los británicos, sin salir de su asombro, lo hicieron prisionero en la torre de Londres.

¿Estaba Hitler enterado de la empresa? Hay quien cree que sí, o que al menos Hess le había dejado entrever que estaba en negociaciones con representantes ingleses para alcanzar la paz, en un momento en el que Alemania estaba a punto de abrir el segundo frente contra la URSS. En una carta abierta tras su partida, Hess recomendaba a Hitler que el régimen lo calificase de loco si las cosas salían mal.

En efecto, aparentemente las cosas salieron mal y la propaganda del régimen lo calificó de loco. Poco después Alemania invadía la URSS. Desde su cautiverio, Hess no podía creer que Hitler se atreviese a tal cosa sin cerrar el frente occidental. Acabada la guerra, Hess estuvo prisionero, en la cárcel de Spandau, hasta su misteriosa muerte en…¡1987!.

Publicado en: Curiosidades de la Historia, Edad Contemporanea

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