Alejandro Magno y la conquista de Persépolis

Alejandro Magno en Persepolis

Para Alejandro Magno, alcanzar y conquistar Persépolis era una de sus grandes hazañas. La capital persa era el centro de la economía y la vida de su imperio, y Alejandro estaba decidido a conquistarla. Sin embargo, ni el propio Alejandro pudo predecir lo que le iba a pasar a su ejército.

A medida que Alejandro se acercaba a Persépolis, llegó hasta su ejército un mensajero. El mensaje provenía de Tirídates, el gobernador de la ciudad, quien le mandaba una solicitud simple, pero potente, a Alejandro. En ese momento, un gran número de persas se dirigían hasta Persépolis para defender la ciudad, todos en nombre de Darío.

Tirídates le comunicaba en aquel mensaje que si Alejandro llegaba a Persépolis antes que los defensores, el gobernador le entregaba la ciudad sin luchar.

Como si de una carrera se tratara, Alejandro comenzó a mover a su ejército a grandes marchas, lanzándose hacia la capital raudo y veloz. Pero, al llegar a Persépolis, ni Alejandro ni sus hombres estaban preparados para lo que se iban a encontrar.

800 griegos salieron de la ciudad para saludar a su ejército, griegos que habían sufrido el cautiverio en Persia y que, en distintos momentos, habían sido tratados como esclavos por los anteriores gobernantes persas. Los persas les habían mutilado y deformado a la mayoría de ellos. Para empeorar las cosas, muchos de estos griegos habían sido marcados con letras del alfabeto persa. Salieron de Persépolis en busca de su casa y de la libertad.

Alejandro prometió a los esclavos restaurarles su primer hogar. Los griegos le preguntaron si podían permanecer juntos, ya que sus deformidades les delataban. Alejandro les entregó tres mil dracmas a cada uno de ellos, y les exoneró de pagar los impuestos reales. Antes de entrar en Persépolis, Alejandro les dijo a sus hombres que aquella era la ciudad más odiada por ellos, y de que todos sus habitantes debían ser borrados de la faz de la tierra.

Anteriormente, Alejandro había planeado entrar en Persépolis en paz, incluso con un desfile. Pero aquello pasó a mejor vida. Fue la primera vez que Alejandro Magno dejó actuar libremente a su ejército con la ciudad conquistada. Sólo les puso dos condiciones a sus hombres: estaba prohibido saquear los palacios reales y ser crueles con las mujeres.

A pesar de todo, los soldados entraron con entusiasmo en la ciudad. No sólo querían vengar a sus ciudadanos griegos, sino también pagar a los persas lo que habían hecho tiempo atrás con Atenas. Un día entero se pasó el ejército de Alejandro arrasando Persépolis.

Varios años más tarde, Alejandro regresó a Persépolis, y aseguró haberse arrepentido de lo que hizo. Aquello fue un acto de furia repentina. Corría el año 330 a.C. y Persépolis había caído en sus manos.

Foto Vía Sobre Italia

Publicado en: Edad Antigua, Historia de Grecia

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