La oración fúnebre de Pericles

Pericles habla

Atenas, siglo V a.C. ¿Quién no soñó alguna vez con ser ciudadano de la polis de entonces? Cuando el genio griego nos muestra a la vez la flor y el fruto de su excelencia. Cuando la belleza era una tarea cotidiana que se buscaba no sólo en el ámbito estético, sino también y sobre todo en los caracteres, en las máximas de una moral sin moralina, es decir, en la esfera ética que se prolongaba en la Gran Política.

Los griegos inventaron el individualismo sin tener que vérselas con psicología de algún tipo, hija bastarda del cristianismo y de los romanticismos, y así la sobriedad de su arte alcanza una perfección que no necesita de la hipérbole ni de la exageración para sobrecoger. Hoy, demasiado acostumbrados a la verborrea y a la gesticulación, apenas comprendemos cómo eran aquellos hombres de firme y luminoso mirar.

Los dramaturgos Esquilo y Sófocles, el taller de Fidias, Anaxágoras el filósofo, los sofistas entre los que descollaba Protágoras, el impertinente Sócrates, o el estadista Pericles, todos ellos, entre otros muchos, comparten escenario en la Atenas del siglo V, uno de los pocos momentos de la historia en el que los hombres van muy por delante de su época, están por encima de su tiempo. 

¿Por qué eran especiales estas personas?¿Lo eran de verdad, o el célebre milagro ateniense no es sino uno de los bulos que pueblan los libros de historia? Milagrosas o no, en aquellas cabezas parecía aletear el soplo de un dios. Los mismos habitantes de Atenas eran conscientes, entonces, de representar un caso único en el mundo antiguo: eran hombres para los que la libertad lo suponía todo. Pero es curioso: sabiéndose únicos, también pensaban que ser libres era lo natural en el hombre, y que lo accidental era lo que sucedía, por ejemplo, en Persia, donde todos eran súbditos del emperador.

Ellos lo experimentaron todo por vez primera: el juego de la poesía, el juego de la amistad, el juego de la filosofía, el juego de la política…(frente a nosotros, hombres cansados que siempre estamos de vuelta). También en lo que respecta al gobernarse por sí mismos. El ideal ateniense de libertad está contenido en la oración fúnebre que Pericles dedica a los primeros muertos de la Guerra del Peloponeso, discurso que recoge el historiador Tucídides.

Han pasado 26 siglos desde entonces, y la lengua griega contenía matices e imbricaciones que no están a disposición del lector de hoy. De cualquier manera, las palabras de Pericles son el mesurado elogio que hace de la democracia ateniense uno de sus grandes defensores y protagonistas. 

El elogio es mesurado, pero el efecto que debía causar en sus oyentes, el efecto que todavía nos causa, es enorme, profundo, duradero. Por eso recomendamos su lectura o relectura e incluso os emplazamos, amigos, a la empresa ardua pero inefable de aprender griego clásico. Porque una buena y fina copa se merece el mejor de los vinos.

Publicado en: Edad Antigua, Historia de Grecia

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4 comentarios

Comments RSS

  1. denisse dice:

    por ke no lo ponen en personaje,año y acontecimiento

  2. dayana dice:

    valla tonteria que no se pueda copiar, serviria para trabajos muy buenos, deverian dejar copiarlos!!!

  3. lucrecia dice:

    dejar copiarloo!!!

  4. Edu dice:

    Primero aprended a escribir y después pensad un poco por vosotros mismos. ¿Acaso no habéis entendido el texto?

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