Cuando César cruzó el Rubicón

Cesar cruzando el Rubicon

El siglo I a.C. lo vive Roma en medio de profundas crisis. La inestabilidad de la gran potencia mediterránea es sólo política, pues tanto militar como económicamente todavía estaba muy lejos el punto de inflexión hacia su declive, y se juega a través de distintos códigos. Por un lado, la cuestión social en la que la esclavitud y la proletarización del campesinado representaban focos constantes de malestar y de revueltas. Por otro, la lucha por el poder mediatizada por un fundamental problema de definición: ¿podía sobrevivir la República como tal?

El Senado se mostraba incapaz de resolver rebeliones como la de los esclavos (Espartaco, año 71 a.C.). Pompeyo y Craso sellan entonces una alianza para hacerse con el ejercicio del consulado. Por entonces César se encontraba en Hispania: cuenta Suetonio que en Cádiz, al contemplar la estatua de Alejandro Magno, se echó a llorar avergonzado porque Alejandro a su edad ya había conquistado el mundo, mientras él no había hecho todavía nada.

Tras la conjuración de Catilina (año 63), sofocada por Cicerón, César se une a Pompeyo y Craso. Se forma el primer triunvirato, gracias al cual César pudo ser cónsul en el 59 a.C. Además se le adjudica la Galia Cisalpina y el mando de los ejércitos para la conquista de la Galia Trasalpina. Es la gran oportunidad que tiene Julio para demostrar sus dotes de estratego. De esta manera, entre los años 58 y 50, César los pasará alejado de Roma, en sus campañas contra galos, británicos y germanos.

Durante su ausencia muere Craso y Pompeyo rompe la alianza, en un intento de reforzar su posición que culmina con éxito: en el 52 es nombrado cónsul único de Roma. César se traslada con una legión al punto más próximo de Roma que estaba bajo su jurisdicción militar, en la Galia Cisalpina. Desde allí entabló frenéticas negociaciones con los senadores, que rechazaron todas sus propuestas.

El Senado decretó finalmente el estado de excepción en enero del 49, conminó a César a licenciar a sus legiones y otorgó a Pompeyo el mano militar. César no se aguantó más y cruzó el Rubicón pronunciando la histórica frase: Alea iacta est. El Rubicón es un pequeño río de la cuenca adriática. Su paso no tiene ninguna dificultad pero su importancia fue simbólica. Al entrar en provincias italianas con el ejército, César obviaba la legalidad repúblicana. Había comenzado la guerra civil.

Las legiones de César vencieron a las de Pompeyo en Farsalia. Éste huye a Egipto, donde es asesinado. Tras resolver algunos asuntillos de faldas no menos que de armas (Cleopatra, Asia Menor), César vuelve a Roma. En la cumbre de su carrera, dueño de todo el poder, aclamado como semidiós por la plebe, un grupo de republicanos encabezados por Bruto y Casio, temiendo que César se hiciese proclamar rey o incluso emperador, en la sesión del senado de los idus (15) de marzo del 44 lo rodean y lo apuñalan, acabando con su vida. Sin embargo, su muerte no salvó a la república.

Publicado en: Edad Antigua, Historia de Roma

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